lunes, 28 de agosto de 2017

Ciudad Desecha

Ciudad desecha



Las calles son hechas con barro y piedras de río, son hechas con tejas y mosaicos rotos. Escombros.
Hay mierda que ha sido dejada por los perros callejeros y gallos que se pasean comiendo quien sabe qué. A veces, los niños juegan dominó en el portal de sus casas, en medio de sillas plásticas de varios colores. Las casas son de madera y después de concreto, mal hechas. Calles artesanales. Los niños juegan en la calle. El hedor a podrido o a caño en las quebradas y basura que se acumula desde los tiempos de la conquista. Después, la calle pavimentada, mal hecha o más bien sin andenes. Una vez había una rata aplastada, en la tarde no la volví a ver.
Música por doquier, salsa reggaetón, ranchera del momento eso sí. Aquí no estamos desactualizados. Con todo y eso, uno se siente como en casa. Seguro porque la casa está en la calle, sin pena.
Hoy sentí tristeza por todo lo que ví, un “estadio olvidado” y a plata? -Se la robaron?
Otra vez, las mismas viviendas en madera pero ahora en el barrio el cristal, unos alrededores dignos los que rodean el llamado “estadio” que tiene Buenaventura.
Los niños jugaban en medio de la maleza crecida, creo que jugaban football.
Una avenida sin fin, sin árboles y un sol tremendo. Sudaba hasta los hombros.
Ese es mi bello puerto, como la canción, de bello tiene la gente.
Y luego el shock, pensé que no había sitios así en Buenaventura, el barrio “El galeón” barrio con una gran reja en la entrada, como si dijera “aquí no pase”. Casas inmensas, una calle tranquila y silenciosa. Aquí vivió un ex alcalde, la casa de allá es del Senador. Qué cambio, pensé. Así que si les gusta el silencio.
Aún recuerdo ese Estadio y sus escaleras, con la naturaleza que se había apoderado de ellas se me parecía a las terrazas de Machupichu, aunque nunca he ido por fotos se ven así.
Cerca, había una casita con un puentecito hecho en madera, atravesando una quebradita, se me pareció a Venecia. Luego vimos una Casa que se había hundido de un lado, como en Pisa. Colombia no tiene nada que enviarle a Italia, a nuestra manera.
Cómo es posible, que todo esto haya pasado en nuestras narices? Seguro no lo quisimos ver. Nos hemos robado tu plata ciudad desecho, ciudad reciclada, pueblo pobre, gente amable.